El año 2026 vuelve a poner en alerta a los países del Pacífico, especialmente a Ecuador, ante la posible consolidación del fenómeno de El Niño. De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial, existe una probabilidad cercana al 80 % de que El Niño se desarrolle entre junio y agosto de 2026, con probabilidades iguales o superiores al 90 % de que continúe al menos hasta noviembre. Aunque todavía existe incertidumbre sobre su intensidad máxima, los modelos climáticos apuntan a un evento que podría ser moderado o incluso fuerte.
¿Qué es el fenómeno de El Niño?
El Niño es una alteración climática asociada al calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial central y oriental. Este calentamiento modifica la circulación atmosférica, altera los patrones de lluvia y temperatura, y puede provocar sequías en unas regiones e inundaciones en otras.
En el caso de Ecuador, El Niño suele estar relacionado con lluvias intensas, incremento de caudales, inundaciones, deslizamientos, daños en carreteras, afectaciones agrícolas, problemas sanitarios y alteraciones en la pesca. Las provincias costeras, como Esmeraldas, Manabí, Guayas, Los Ríos, Santa Elena y El Oro, son particularmente vulnerables por su exposición a lluvias extremas y crecidas de ríos.
El contexto climático de 2026
La alerta para 2026 no debe verse como un hecho aislado. Según NOAA, El Niño tiene alta probabilidad de emerger pronto, con un 82 % de probabilidad para el periodo mayo-julio de 2026, y podría continuar durante el invierno del hemisferio norte 2026-2027.
La Organización Meteorológica Mundial también advierte que este posible evento ocurriría en un planeta más caliente, lo que puede intensificar sus efectos. El calentamiento global no crea El Niño, pero sí puede amplificar sus impactos, especialmente en forma de temperaturas más altas, lluvias extremas, olas de calor, sequías y presión sobre la producción de alimentos.
Posibles efectos en Ecuador
Para Ecuador, el fenómeno de El Niño 2026 podría tener impactos en varios sectores estratégicos:
Agricultura: Las lluvias intensas pueden afectar cultivos de ciclo corto, cacao, banano, arroz, maíz y otras actividades agrícolas. El exceso de humedad favorece plagas, enfermedades y pérdida de cosechas.
Infraestructura: Carreteras, puentes, alcantarillado, sistemas de agua potable y viviendas ubicadas en zonas de riesgo podrían sufrir daños por inundaciones o deslizamientos.
Salud pública: El aumento de lluvias y acumulación de agua puede favorecer la proliferación de mosquitos transmisores de enfermedades como dengue, chikungunya y zika.
Pesca y ecosistemas marinos: El calentamiento del mar puede alterar la disponibilidad de especies, modificar rutas de pesca y afectar la productividad marina.
Economía familiar: Las emergencias climáticas encarecen alimentos, dificultan la movilidad, afectan empleos informales y elevan los costos de reparación en viviendas y negocios.
Prevención: la clave para reducir pérdidas
Frente a El Niño, la prevención es más efectiva y menos costosa que la respuesta tardía. Los gobiernos locales deben revisar sistemas de drenaje, limpiar quebradas, actualizar mapas de riesgo, reforzar puentes vulnerables y preparar albergues temporales. También es necesario fortalecer la coordinación entre municipios, prefecturas, COE cantonales, organismos de socorro y comunidades.
Las familias pueden prepararse con acciones sencillas: limpiar canales y techos, evitar botar basura en alcantarillas, revisar instalaciones eléctricas, identificar rutas seguras, preparar un kit de emergencia y mantenerse informadas por fuentes oficiales como INAMHI y la Secretaría de Gestión de Riesgos. El INAMHI mantiene información específica sobre el monitoreo del fenómeno de El Niño en Ecuador.
Una oportunidad para actuar con responsabilidad
El Niño 2026 representa una amenaza climática seria, pero también una oportunidad para fortalecer la cultura de prevención. No se trata únicamente de esperar lluvias fuertes; se trata de preparar ciudades, comunidades, empresas y hogares para reducir riesgos.
Ecuador conoce bien los efectos de este fenómeno. La diferencia en 2026 dependerá de la anticipación, la planificación y la responsabilidad colectiva. Si las instituciones actúan a tiempo y la ciudadanía se informa correctamente, los impactos pueden reducirse de manera significativa.
En conclusión, El Niño 2026 debe entenderse como una alerta temprana. La información científica ya muestra una alta probabilidad de desarrollo del fenómeno; ahora corresponde transformar esa información en acciones concretas de prevención, adaptación y protección para la población.

