Los invitados a la boda de Taylor Swift y Travis Kelce recibieron un detalle único y muy personal.

Quienes asistieron al enlace no solo presenciaron uno de los eventos sociales más sonados del año, sino que también se llevaron a casa un souvenir hecho a medida para la ocasión. Según publicó Infobae, los cerca de mil asistentes a la ceremonia, celebrada el 3 de julio en el Madison Square Garden de Nueva York, obsequiaron con un pañuelo grabado con un monograma de dos letras «T» entrelazadas y rodeadas de corazones, junto con la fecha y el lugar del evento.

El presente salió a la luz gracias a la cantante Maren Morris, que mostró el objeto en sus redes sociales. El accesorio incluía un verso de la carrera musical de Swift: «So it’s gonna be forever…», el inicio de su éxito Blank Space (2014). Los seguidores interpretaron este gesto como una manera de entrelazar su trayectoria artística con uno de los hitos más personales de su vida.

Pero los detalles no se quedaron ahí. Quienes acudieron a la cena de ensayo —un encuentro más privado con unos cien familiares y amigos íntimos— recibieron una copa de champán engastada con diamantes auténticos. El obsequio llegaba en un estuche de terciopelo con el mismo monograma de la pareja y una tarjeta de tela inspirada en el jardín donde se tomaron las fotos de su compromiso.

El ambiente también fue tema de conversación entre los asistentes. El CEO de AMC, Adam Aron, comentó que el espacio fue engalanado con tonos melocotón y blanco, y decorado con imágenes de la infancia y juventud de ambos contrayentes. Además, calificó los votos como «extensos, divertidos, profundamente personales, conmovedores, irreverentes y muy entrañables». Por su parte, los periodistas Robin Roberts, Michael Strahan y George Stephanopoulos, en una emisión de Good Morning America, coincidieron en que, a pesar de la gran escala del evento, la celebración mantuvo un clima cálido y cercano.

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