En la parroquia de Rosario, en Salasaca, una zona montañosa desde la que se divisan varios pueblos del cantón Pelileo y la ciudad de Ambato, Luz Caizabanda, de 15 años, intenta localizar su casa tras terminar sus clases de kichwa. Aunque sus padres son indígenas, nunca le enseñaron la lengua por temor a que la mezclara con el español. Ahora, ella busca dominarla. La escuela Sky Inka Shimi es la primera en impartir este idioma originario en Salasaca.
La iniciativa surgió al regreso de Micaela Jerez, Elsa Caín y Dayanna Velásquez, tres profesoras indígenas que participaron en un intercambio del programa Fulbright en universidades de Estados Unidos. Su objetivo es que los jóvenes no vean el kichwa como una lengua del pasado, sino como parte esencial de su identidad. Desde junio de 2024, dejaron de intentar convencer a los escépticos y se enfocan en acompañar a los interesados.
La catedrática Kati Álvarez, de la Universidad Central del Ecuador, advierte que la desaparición de lenguas andino-amazónicas implica una pérdida de memoria colectiva y conocimientos clave para el futuro. Recuerda que el sistema educativo ha sido hostil: Francisca Masaquiza, de 65 años, narra cómo en su infancia la castigaban por hablar kichwa, obligándola a escribir «No debo hablar kichwa» cien veces y recibiendo golpes por no hablar «en cristiano».
Dayanna Velásquez, desde Otavalo, comparte esa experiencia. Hoy usa TikTok para difundir su cultura y enseñar kichwa a niños por computadora. Por su parte, Elsa Caín, en Riobamba, recopila leyendas y mitos de ancianos kichwahablantes en comunidades rurales, donde los jóvenes emigran a ciudades buscando oportunidades, dejando atrás sus raíces. Su madre, Rosaria Yuquilema, vive sola acompañada por una radio bilingüe.
Las tres maestras son conscientes de su labor. Para Álvarez, es urgente descolonizar la idea de «desarrollo» y revalorar las lenguas originarias como expresión de resistencia y tejido de conocimientos comunitarios.

